Artículo publicado en La Opinión de Málaga el 11 de Abril de 2005
Pedro Moreno Brenes
PROFESOR TITULAR EU DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA.
1. Desde hace varios días, y especialmente a partir del pasado día 2 de abril, hemos asistido a un despliegue de condolencias, valoraciones y análisis (de estos menos), provocados por el fallecimiento del Papa Juan Pablo II, que en todo caso han contado con una de las coberturas mediáticas más importantes que se ha conocido en los últimos tiempos, lo que no excluye, sin duda alguna, sinceras muestras de pésame y dolor en amplias capas de la población. Estas breves notas no pretenden sumarse a las miles de páginas que glosan la figura y obra del fallecido pontífice, pero si responden al deseo de dar muestra de mi opinión personal sobre algunas de las afirmaciones que por doquier se han reflejado en el papel y en las imágenes
No hace falta insistir en que para cualquier persona decente, el dolor y sufrimiento de un ser humano merece el apoyo, reconocimiento y solidaridad con el afectado, y sin duda alguna, la agonía y muerte de Juan Pablo II, dada su condición de ser humano, en primer lugar, y además líder espiritual de millones de personas, es lógico que genere intensos sentimientos, y por tanto también es razonable que se ofrezca la cobertura informativa proporcional a ese interés público generado; pero a partir de lo antes señalado, no estoy de acuerdo con el alcance cuantitativo que está alcanzando la oferta informativa sobre este acontecimiento(desproporcionada respecto a situaciones estructurales u ocasionales que afectan a millones de personas todos los días), ni en los contenidos más reiterados en las programaciones de la mayoría de los medios.
Se observa, como antes he señalado, una visión unilateral, donde prima las vertientes positivas-que sin duda las ha habido-, dejando de lado, salvo contadas excepciones, valoraciones que resalten los aspectos más criticables de este pontificado, que también han existido; por tanto, aunque de luces y sombras está hecha la vida de las personas-y el Papa fallecido no era una excepción-, cualquier ciudadano que conforme su opinión con la sola ayuda de los medios de información más importantes, no contará, a mi juicio, con suficientes elementos para valorar a una figura tan importante para la historia
No cabe duda que una vez pasada la fase de consternación y luto, habrá ocasión para entrar de lleno en análisis más profundos, y espero que más plurales, pero me temo que para una mayoría de ciudadanos, que ni tengan tiempo ni ganas de entrar en mayores debates, la visión que les quede sea exclusivamente la adquirida en estos días de recuerdo y dolor ( lo que parece lógico), y exaltación sin matices( que si me parece más criticable).
2 Personas más autorizadas que yo podrán resaltar con más detalle las luces y las sombras de este largo pontificado, y el cualquier caso no es éste el lugar para entrar de lleno en materia, pero no sobra resaltar en el activo su decidida oposición a las guerras,
su doctrina social( aunque no exenta de contradicciones, que si me gustaría abordar en otra ocasión) o su valentía frente a bloqueos injustificados contra determinados países( caso de Cuba); entre sus sombras, no se deben olvidar la persecución de voces críticas dentro de la propia Iglesia( y ahí están los casos de la Teología de la Liberación, uno de los movimientos más digno de elogio dentro de la Iglesia, o el de teólogos españoles—Tamayo o Castillo—o extranjeros, Hans Küng o L Boff), o el desproporcionado apoyo( prelatura personal, la única existente) al Opus Dei, movimiento que suscita, por su organización, actividades y oscurantismo, desconfianza en amplios sectores laicos y de la propia Iglesia; a lo anterior se puede añadir la defensa acérrima de postulados morales y sociales( posturas respecto a los anticonceptivos, el divorcio, el celibato de los sacerdotes, el sacerdocio de las mujeres, etc), que tras el Concilio Vaticano II, la lógica de los tiempos hubiera llevado a superar, y que en cualquier caso, no constituyen, ni mucho menos, elementos básicos y sustanciales del mensaje cristiano
No quisiera terminar esta reflexión sin traer a colación un cacareado mensaje que se escucha hasta la saciedad en estos días, y que resalta el papel de Juan Pablo II en la “ caída del Comunismo”; en primer lugar conviene poner cada cosa en su sitio, y si a lo que se quieren referir es al desmantelamiento de la estructuras sociopolíticas de lo que en su tiempo se vino a llamar socialismo real( que también tenían luces y sombras, pero en cualquier caso era rechazable por la ausencia de libertad y el menoscabo de los derechos humanos), hay otras formas de expresarlo sin equiparar el ideal comunista con el nazismo o el fascismo, ya que estos últimos son tanto en la teoría como en sus prácticas perversos en si mismo, mientras que el comunismo, es, desde el punto de vista teórico, una opción moral y política respetable para cualquier ciudadano con independencia de sus opiniones, y la mejor alternativa de liberación integral del ser humano para los que, como es mi caso, nos consideramos comunistas. En cualquier caso, la caída del modelo de los países del Este fue producto de un complejo conjunto de factores, sin que el acentuado proselitismo del Papa en tal sentido fuera el más decisivo, aunque , todo sea dicho, podría haber empleado las mismas energías en la crítica y en el fin de las despreciables dictaduras militares que asolaron Latinoamérica en los primeros años de su pontificado.

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